Bueno, ahora que he hecho inventario de estos dos meses, pródigos en profundidad y propensos a extensos monólogos socráticos, voy a hablar de algo intranscendente... mi fin de semana:
Viernes: Celebramos que Cándido (un compañero del curro) por fin se ha sacado la plaza de funcionario del estado. Hay comida y bebida a mansalva, risas y cantidad de buen rollo. Este departamento es la caña, aparte el único de todo el Centro de Cálculo en el que se permite fumar. Le he regalado una pipa a Cándido, mi primera y preferida, amen de un atacador, un paquete de tabaco de cereza, y todo mi cariño. Eso en el curro, que luego seguimos en un bareto próximo a Cuatro Caminos. Luego acompañé a casa a otra amiga del curro y al llegar, después de hacer compra en el AhorraMás hacemos una mezcla extraña (no me acuerdo del nombre) pero que estaba de muerte. La receta es: una botella de ginebra, un kilo de miel, dos litros de agua, y el zumo de un kilo de limones exprimido, todo mezcladito y removido. Buenísimo. Luego permití que ella y su novio me machacasen sin compasión al Tekken 4. Vuelvo a mi casa a dormir que mañana hay algo especial, y pasado es el cumple de este chico.
Sábado: Compro una pipa de agua (hablaré de ellas otro día) para regalársela a un amigo que cumple años el domingo, preciosa. Cojo la Renfe y llego a la estación de Las Rozas donde me espera Cándido. Comemos en su casa, con sus padres (muy majos) y su hermana (muy guapa) una paella (buenísima), especialidad de la casa (muy grande). Partimos luego hacia un pueblecito llamado Fresnedilla de la Oliva, al lado de Valdemorillo. Nuestros compañeros de viaje nos siguen, hasta que se pierden. Volvamos a buscarlos. Finalmente llegamos allí sobre las cuatro de la tarde, dispuestos a disfrutar y a descargar adrenalina. Jujuju... que diver... pistolas de aire comprimido, balas de pintura, cantidad de campo para hacer el bestia... promete. El sitio en el que estuvimos es este: http://galeon.hispavista.com/paintballmadrid/. Estuvimos cerca de cuatro horas y aun tengo agujetas. Qué paliza, pero qué divertido. Aun tengo los morados de las balas. Luego unas cervezas frías en el pueblo mientras comentábamos la encarnizada batalla (pero encarnizada de verdad) hasta que se nos pone a llover y levantamos el campamento. Cándido me invita a quedarme a dormir en su casa, idea muy atractiva. Llegamos. Ducha (dios... una bañera, se me saltan las lágrimas: esto sí es una baño), cenita ligera (muy agradable) y a la cama después de fumarnos algo que tenía este por ahí ;) Caigo en la más absoluta inconsciencia a los quince segundos de acostarme.
Domingo: Despierto totalmente renovado y con ganas de hacer cosas. Tenemos cumpleaños en la piscina de Acacias y la cosa promete estar bien. Me asomo a la ventana y veo que el cielo está cubierto de nubes y no tiene aspecto de mejorar. Encima hace frío. Pero al mal tiempo buena cara. Saco a este de la cama, desayunamos y salimos para Madrid. Llegamos a casa de este chaval (la del viernes) y nos los encontramos jugando al Matrix en la Play. No pasa mucho tiempo hasta que estamos todos viciados, fumando en la pipa de agua, bebiendo cerveza y gritando cosas como "Mata a ese desgraciado poli" o "Vuélale las pelotas con el rifle". La verdad es que el juego mola. En esto que nos asomamos cuatro horas después y descubrimos que ha salido el sol. Salimos para la piscina de Acacias (no sabía ni que existía; claro, es lo malo de una ciudad tan grande) armados con la extraña mezcla alcohólica del viernes y con una baraja de cartas. ¿Qué más se puede pedir para pasar una buena tarde? El agua está congelada y pasamos más tiempo fuera que dentro. Yo me dedico a alegrarme la vista (bendita operación de los ojos, es el mejor dinero que he invertido e invertiré) con las señoritas que doran, tuestan, y en algunos casos enrojecen, sus cuerpos al curiosamente mortecino sol de Junio. Hacemos amarracos con los tickets de la piscina (como venga el segurata y nos diga que nos hemos saltado la valla verás que risa) y comenzamos a hacer amistosas rondas de mus. La tarde pasa perezosamente y nosotros, por no llevar la contraria, también, mientras se oyen risas, chapuzones, golpes de balón de playa contra cabezas de veteranas señoras, y la horrible música que sale de los altavoces de la piscina. Se nos acaba la botella del "preparado". Que no cunda el pánico que hay otra; no tarda en caer. Nos cierran esto, de manera que volvemos a casa de estos chavales con la agradable perspectiva de jugar a un juego de Snowboard mientras bebemos y nos machacamos una pizza italiana de las de verdad. Tenemos éxito y hacemos exactamente eso, con el añadido de que hay alitas de pollo y una pipa de agua que alguna buena persona regaló a la pareja. Acompaño a Cándido a Moncloa para que pille el bus, y yo me retiro a casa con la intención de avanzar con El Quijote y luego irme a dormir. Sólo hago lo segundo. Buenas noches.
lunes, junio 02, 2003
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